Literatura


Le preguntaba Pinocho a Gepeto: “¿Y cómo puede usted saber que he dicho una mentira?

A lo que Gepeto le contesta: “Mi querido niño, las mentiras se descubren enseguida, porque son de dos clases: hay mentiras con patas cortas y mentiras con narices largas. La tuya es una de esas mentiras de nariz larga”

(Pinicho, 1982)

¡Qué recuerdos producen estas frases! No sólo por el hecho de que todos mentimos e intentamos ocultarlo, a veces a nosotros mismos. ¿No os resulta curioso que nos podamos autoengañar? A mí me fascina. Lo más destacado, es que cuando recordamos, cogemos todo el archivo y lo reescribimos. Cuando recordamos vamos llenando todos los huequecitos con todas las cosas que se nos ocurren para crear una historia más a nuestro gusto. Así, yo siempre recordaré un gesto que alguien me hizo, pero con el tiempo recordaré muchos gestos con eso de “creo que…”. La próxima vez que abra ese archivo tendrá un anexo y ese “creo que…” probablemente se haya convertido en algo que recordamos como real. Seguramente (corregidme si me equivoco) seamos el único ser vivo que se autoengaña. Como mínimo, curioso.

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Bajo este bonito título se esconden dos personajes de un personaje de Octavio Paz que los desarrolla en El laberinto de la soledad. El siguiente fragmento es de esos que mientras los lees piensas en contárselo a alguien o en escribir algo similar. La identificación es absoluta. Octavio Paz sabía lo que pasaba a su alrededor y lo contaba de una forma tan bella como la siguiente:

Don Nadie, padre español de Ninguno, posee don, vientre, honra, cuenta en el banco y habla con voz fuerte y segura. Don Nadie llena al mundo con su vacía y vocinglera presencia. Está en todas partes y en todos los sitios tiene amigos. Es banquero, embajador, hombre de empresa. Se pasea por todos los salones, lo condecoran en Jamaica, en Estocolmo y en Londres. Don Nadie es funcionario o influyente y tiene una agresiva y engreída manera de no ser. Ninguno es silencioso y tímido, resignado. Es sensible e inteligente. Sonríe siempre. Espera siembre. Y cada vez que quiere hablar, tropieza con un muro de silencio; si saluda encuentra una espalda glacial; si suplica, llora o grita, sus gestos y gritos se pierden en el vacío que don Nadie crea con su vozarrón. Ninguno no se atreve a no ser: oscila, intenta una vez y otra vez ser Alguien. Al fin, entre vanos gestos, se pierde en el limbo de donde surgió.
Sería un error pensar que los demás le impiden existir. Simplemente disimulan su existencia, obran como si no existiera. Lo nulifican, lo anulan, lo ningunean. Es inútil que Ninguno hable, publique libros, pinte cuadros, se ponga de cabeza. Ninguno es la ausencia de nuestras miradas, la pausa de nuestra conversación, la reticencia de nuesro silencio. Es el nombre que olvidamos siempre por una extraña fatalidad, el eterno ausente, el invitado que no invitamos, el hueco que no llenamos. Es una omisión. Y sin embargo, Ninguno está presente siempre. Es nuestro secreto, nuestro crimen y nuestro remordimiento. Por eso el Ninuneador también se ningunea; él es la omisión de Alguien. Y si todos somos Ninguno, no existe ninguno de nosotros. El círculo se cierra y la sombra de Ninguno se extiende sobre México, asfixia al Gesticulador y lo cubre todo. En nuestro territorio, más fuerte que las pirámides y los sacrificios, que las iglesias, los motines y los cantos populares, vuelve a imperar el silencio, anterior a la Historia.

Naturalmente que yo no haría algo con este título. Es el resumen del segundo capítulo de El fin de los medios masivos. En esta ocasión el que escribe es Carlos Alberto Scolari.

Lo único interesante de este capítulo es el principio, luego se pone a citar autores con fechas de 1996 (no han cambiado cosas en 13 años… o qué?). Pero vamos con el resumen:

“Cada vez que un ‘nuevo medio’ se integra al ecosistema de comunicación se producen de manera indefectible ciertos movimientos o desplazamientos teóricos:

  1. Se generan movimientos culturales de rechazo o de aceptación acrítica de “lo nuevo” (apocalípticos e integrados)
  2. El medio […] es sólo un instrumento neutro que, dependiendo de quién o cómo lo utilice, puede tener efectos positivos o negativos.
  3. Cada vez que aparece una nueva tecnología y se la pretende encuadrar teóricamente, se producen otros dos movimientos que tienden a anularse mutuamente. Por un lado surgen los investigadores acríticos discontinuistas […]: el ‘nuevo medio’ es tan revolucionario e innovador que todo el saber científico acumulado hasta ahora no puede ser aplicado. Por otra parte, los críticos continuistas sostienen que el ‘nuevo medio’ de ‘nuevo’ no tiene nada, y por tanto se puede seguir trabajando con los modelos teóricos y las metodologías tradicionales.
  4. Cada discurso que ensalza la aparición de un ‘nuevo medio’ se complementa con un discurso que extiende un certificado de defunción a un ‘viejo medio’.

A partir de aquí, Scolari empieza a utilizar citas de Umberto Eco casi sin tener en cuenta la fecha en que las dijo:

  1. Las primeras no tienen nada que vez, sólo quedan bonitas…
  2. Una viene a decir, cómo él resumen, que “la sobrecarga  de información en la red impondrá en algún momento la necesidad de un filtro.
  3. Usa citas de 1996 de Umberto Eco, 13 años después. El contenido no se aleja mucho de la realidad, pero podría ser más actual. Lo que si se alejan son las citas que usan de Eco de 2003, están totalmente desfasadas, y eso que ha pasado menos tiempo.
  4. “Inclusive si se imprime en papel ácido moderno, un libro dura unos 70 años más o menos, pero siempre es más que un soporte magnético. Es más, ellos no sufren por los cortes eléctricos ni las caídas de tensión, y son más resistentes a las descargas ” (Eco, 2003)
  5. Otra más absurda si cabe: “Después de haber pasado doce horas en una computadora, mis ojos quedan como dos pelotas de tenis, y siento la necesidad de sentarme confortablemente en un sillón y leer el diario, o quizás un buen poema” (Eco, 2003) (1º si tienes los ojos como dos pelotas no vas a poder leer ni un cartel de 15 metros; 2º ahora los monitores no son tan dañinos como antes, están las pantallas de plasma y eso…; 3º los ebooks no emiten luz, la reflejan, igual que los libros normales)

Y ahora viene Scolari y dice: “El libro no ha muerto, larga vida a la memoria vegetal”.

Robert K. Logan decía que el formato del libro cambiaría hacia los digitales; Scolari, directamente dice que seguirá el formato en papel…

Aunque Scolari no tiene muy claras las cosas, porque ahora dice lo siguiente: “¿Desaparecen los libros? Es muy probable. Las tablas de arcilla duraron varios milenios, los papiros sobrevivieron otros tantos, los códices de pergamino tuvieron su momento de gloria durante unos trece siglos… ¿Por qué habría de ser eternos estos objetos de papel impreso? Como ya dijimos, (él no, fue Robert Logan) que el soporte material desaparezca no significa que la escritura o las prácticas de lectura mueran ni que sus interfaces pasen a mejor vida. (CÓMMOOOOO??!!, ¿cuál es tu versión?!)

En fin, este capítulo, después de su primer apartado también me lo habría saltado. Hasta ahora el libro no llega al aprobado, lo siento.

Como anunciaba, estoy leyendo El fin de los medios masivos de Mario Carlón y Carlos A. Scolari como editores. Dije que lo cogía con muchas dudas, porque estos libros suelen seguir la línea de lo que todos saben. Pero en su primer capítulo/Artículo, sobre el libro, se sale de esa línea, pero de forma casi lamentable. Desde luego es un capítulo que me habría saltado si no fuera porque me entrase en un examen. Ahora os explicaré porqué (no todo lo que diré es negativo):

  1. En primer lugar el que escribe este artículo, Robert K. Logan, tiene 70 años. No es que sea un dato relevante, sólo que no se puede decir que sea un nativo digital, y su visión me parece un tanto absurda y propagandística hacia sus productos.
  2. Empieza diciendo que “el libro no da muestras de darse por vencido y -de hecho- prospera como nunca antes”.
  3. “El libro está destinado a tomar nuevas formas y alcanzar nuevos niveles de funcionalidad”. Ocurrirá como con la música, pasará a convertirse en un servicio, y no en un producto.
  4. Aquí viene lo que más gracia me hace (el libro es de este año): “Leer un texto impreso sobre papel es un proceso que involucra estrictamente al hemisferio izquierdo. La lectura del texto en una pantalla, sin importar lo excelente de la resolución de ésta, implica procesos tanto del hemisferio izquierdo como del derecho. […] El lector debe componer el texto desde cada una de las letras que ya ha reacomodado con su hemisferio derecho, utilizando el proceso analítico del hemisferio izquierdo. […] El hemisferio derecho convierte píxeles en letras y el hemisferio izquierdo convierte letras en palabras y oraciones”.
  5. Viene a decirnos que estamos viendo los píxeles de estas palabras… Podía decir de quién coge esta teoría, porque me parece bastante absurda. Y creo que este señor no ha cogido un ebook (con tinta digital) de los que están saliendo ahora, como el Kindle; son una pantalla blanca en el que, sin ningún tipo de iluminación, aparecen las letras. Pero hay gente que lo critica todo.
  6. “Estoy seguro de que el libro sobrevivirá en su formato tradicional de códice y que, al mismo tiempo, surgirán nuevas formas tales como el ebook y […] el SmartBook (que está desarrollando él, y que dedica en este libro todo un apartado…)”.
  7. Este es el punto que me descoloca. Desde todos los puntos de vista: ecologista, funcional, económico, espacial, formato, manejabilidad,… es mejor. Es cierto que estamos acostumbrados a pasar las páginas y que eso tiene cierto encanto, pero tal vez sólo sea porque estamos acostumbrados… Y a los 70 años se está muy acostumbrado.
  8. “En lugar de predecir el fin del libro, sugiero la llegada de una nueva era para el libro”.
  9. Naturalmente se tira varias páginas hablando de Marshal McLuhan, cuyas teorías son interpretadas por todos de tal forma que sirva para explicar su teoría. Es increíble lo camaleónica que puede resultar la interpretación de las teorías de McLuhan.
  10. Dice que a McLuhan le preocupa que “la acción y la reacción ocurran casi al mismo tiempo” de modo tal que perdemos imparcialidad para con la información con la que tratamos y por lo tanto “el poder actuar sin reaccionar”. […] “El aumento de la velocidad de la información, ya no son un problema, porque hoy podemos hacer más lento el flujo de información, dada la facilidad con la que podemos imprimir la información eléctrica sobre el papel”.
  11. Me parece increíble que se gaste papel con estas palabras…
  12. “Es un hecho que la mayoría de las personas no leerá un archivo de texto extenso en la pantalla de su computadora, sino que lo imprimirá y leerá desde el papel” (él seguro que no, con 70 años casi ya no tendrá ojos…). […] Esta es la razón por la que creo que la cultura de la alfabetización está regresando a los niveles pretelevisivos y que el libro tiene asegurada una larga vida. Esto no quiere decir que el formato libro no cambiará.
  13. Dice “proponemos que todas las formas de material escrito constituyen algún tipo de libro”… Qué fácil! ya se ha quitado el problema. Así, si mezcla algún concepto (como está haciendo continuamente), no se nota… Y dice “ahora podemos generalizar sobre el material escrito e incluir en esta categoría “libro” a los libros digitales en términos de ebooks y a todas las formas de archivo de texto a las que se puede acceder desde Internet” (se acabó el problema, así claro que no desaparecerá el término libro, se amplía el término. El libro nunca desaparecerá, sólo que habrá otro tipo de libros…)
  14. Este señor se olvida de dar los argumentos en contra del libro clásico… De la forma más autoritaria te da su pura y dura opinión, como es lógico en una persona de 70 años.
  15. Ahora dice algo inteligente, pero ya manido. “El porcentaje de tiempo que las personas dedican a los libros va a disminuir porque al surgir medios nuevos, éstos invariablemente desplazan a los anteriores. Sólo contamos con cierto tiempo en el día, y el tiempo que dediquemos a los medios nuevos se traducirá en menos tiempo para los libros. El tiempo dedicado a los libros podrá declinar, pero el tiempo de lectura podría en realidad aumentar, debido a toda la lectura que implican los “medios nuevos”. Y ahora dice algo un tanto estúpido: “Se podría esperar que […] los libros comiencen a ser menos extensos, ya que los lectores de consumo digital están habituados a piezas de información más breves” (digo estúpido porque es el momento en el que más están triunfando las sagas de libros: Millenium, Eclipse,…)
  16. También habla del libro bajo demanda, pero esto sólo es rentable para pequeñas tiradas.
  17. También cita los casos de libros online más importantes: Amazon y Google Book.
  18. Dice que las nuevas tecnologías permiten hacer libros en formato Wiki, aunque no me convence mucho.
  19. Y ahora viene lo suyo, en lo que está trabajando: el SmartBook (mezcla de netbook y smartphone; es decir, un miniportátil conectado siempre a la red). Dice que el smartphone permite “que el libro códice incorpore las ventajas del hipertexto a través de la interfaz de la web”. Vamos, que dice que los libros del futuro se venderán conjuntamente en los dos formatos: el libro más la versión digital.
  20. Dice que no se puede “imaginar a niños pequeños aprendiendo a leer con un ebook”. Tampoco se creía que la Tierra era redonda durante muchos años… Y recuerdo: tiene 70 años…

No quiero ser muy pesado, pero creo que mi opinión queda clara…

Francisco Ayala

El ensayista y novelista español Francisco Ayala falleció ayer a los 103 años de edad. El diario El País hacía un recopilatorio de frases suyas, no se me ocurre mejor homenaje que hacerle:

  • “Yo pienso que todo esto no se corresponde con mi personalidad. Yo no soy vanidoso. Y esto es un regalo para los vanidosos, que se vuelven locos con los agasajos. Yo lo veo como desde fuera. Lo veo fríamente. Lo he pasado bien y lo estoy pasando bien. Pero soy el mismo. El mismo que se ríe hasta de sí mismo.”
  • “Yo digo que la literatura es lo esencial, lo básico. Todo lo que no sea literatura no existe. Porque, ¿dónde está la realidad? Un árbol lo es porque uno lo está nombrando. Y al nombrarlo está suscitando la imagen inventada que teníamos. Pero si no lo nombras el árbol no existe.”
  • “Yo he escrito desde siempre; claro, primero serían pavadas, tonterías, pero siempre estuve escribiendo. El sentido de mi vida está en la literatura, esa es la verdad y creo que la literatura es la verdadera realidad. A la vejez última he descubierto que eso de literatura y realidad es una falsa contraposición, la realidad es la literatura. La realidad real, no es real, no existe.”
  • “No, no creo en la inmortalidad, ojalá. Creo en la literatura, que es lo mismo que la vida para mí. Viviré algo más en mis libros, durante algún tiempo, y ya está. Ésa es toda la inmortalidad a la que aspiro.”
  • “¿Que si he sido feliz? Yo no tengo una escala para medir la importancia de las cosas en mi vida, o para decir fue mejor esto o lo otro. Pero sí puedo decir que este momento en el que estoy con ustedes es un momento de felicidad para mí; que haya tantas personas interesadas en lo que soy yo y en lo que ha sido y será mi vida, me emociona.”
  • “Empecé a hablar con ese lenguaje, de pronto, para increpar a los supuestos enemigos, que podrían ser mis primos, mis hermanos; empleaba palabras gruesas, insultos que resultaban extemporáneos, no tenía ni idea del valor de aquellas palabras. Una vez me preguntó mi madre: de dónde has sacado esas palabras… de ese libro. Se sorprendió, no se imaginaba que estaba leyendo el Quijote. Yo tendría unos doce años.”
  • “Que me recuerde cada uno como le dé la gana.”

Lo bueno de la ignorancia es que no se para de descubrir cosas. Hoy he descubierto un texto de Isaac Asimov que pone los pelos de punta: La metáfora del cuarto de baño. Hace una comparación muy buena para hablar de uno de los problemas que puede traer la sobrepoblación (tema que traté en anteriores ocasiones a favor y en contra). Disfrutarlo:

Si dos personas viven en un apartamento y hay dos cuartos de baño, entonces los dos tienen libertad para usar el cuarto de baño cuantas veces quieran y pueden estar en el cuarto de baño todo el tiempo que deseen y para lo que deseen usarlo. Y todo el mundo cree en el derecho a cuarto de baño y en la libertad a usarlo cuando le apetezca, nadie está en contra de eso, todos creemos que debería estar hasta en la Constitución.

Pero si hay veintidós personas en el apartamento y solamente dos cuartos de baño, no importa cuánto crea la gente en la libertad y el derecho a cuarto de baño, porque tales cosas no existen. Entonces hay que establecer turno para cada persona para usar el baño, se tienen que establecer normas como que no puedes usarlo para cortarte las uñas, solo para necesidades y ducharte, lo que tendrás que hacer en poco tiempo… tienes que golpear la puerta para entrar… “¿Aún no estás listo?”… y así. De la misma manera la democracia no sobrevive cuando hay superpoblación. La dignidad humana no puede sobrevivir a ello. La comodidad y la decencia no pueden sobrevivir a ello. A medida que crece la población planetaria el valor de una vida no solamente declina, sino que al final desaparece. Ya no importa si alguien muere. Cuanta más gente hay, menos importa cada individuo.

Después de reengancharme con el libro, de ir a la sierra de Madrid, de hacer un reportaje y, sobre todo, después de editarlo, tengo grandes ganas de volver a escribir algo de Walden.

Vamos a empezar con una de las partes más polémicas del libro:

Puede que aquel que otorgue la mayor cantidad de tiempo y dinero a los necesitados sea el que más haga con su modo de vida para producir la miseria que trata de aliviar en vano. Sería como el piadoso dueño de esclavos que dedica las ganancias del décimo esclavo a comprar la libertad de un domingo para los demás. Algunos muestran su amabilidad con los pobres empleándolos en sus cocinas. ¿No serían más amables si se emplearan allí a sí mismos?

Seguro que ya entendéis por qué levantó polémica. Se metía con todos sus amigos. No hay que olvidar que Henry David Thoreau no era pobre y que se fue a la Laguna porque todos con los que convivían llevaban ese tipo de vida que tan bien critica en el párrafo que les he marcado. La Guerra de Secesión fue posterior a este libro (Thoreau murió en el 1862, con el libro ya escrito, y la guerra fue entre 1861-1865) y la esclavitud estaba al orden del día.

Muy poco después encontramos otra perla:

La filantropía es casi la única virtud suficientemente apreciada por la humanidad. Mejor dicho, está muy sobrestimada, y se sobrestima por nuestro egoísmo.

¿Qué más se puede añadir?

En el mismo hilo de lo que venimos tratando en esta ocasión:

Su bondad no debe ser un acto parcial y transitorio, sino una constante superfluencia, que no le cueste nada y de la que no sea consciente. Esta es una caridad que oculta una multitud de pecados.

El capítulo ‘Economía’ está muy cerca de terminar, aunque queda bastante señalado, prefiero terminarlo hoy:

No sigáis siendo un supervisor del pobre, tratad de convertiros en uno de los próceres del mundo (un prócer es una persona de alta distinción o dignidad).

Y para terminar por hoy y el capítulo ‘Economía’ un pasaje que podría pasar por un cuento de Bucay:

Leo en el “Gulistan”, o “Jardín de las Flores”, del jeque Sadi de Shiraz, que preguntaron a un sabio, y dijeron: de los muchos árboles célebres que el Dios Supremo ha creado excelsos y umbrosos, ninguno es llamado ‘azad’, o libre, salvo el ciprés, que no da fruto; ¿qué misterio hay en ello? Él replicó: cada uno tiene su fruto apropiado y su estación señalada, durante la cual se renueva y florece, y en cuya ausencia se seca y marchita; el ciprés no está expuesto a ninguno de tales estados y siempre florece; de esta naturaleza son los ‘azads’, o religiosos independientes. No fijéis vuestro corazón en lo transitorio; pues el Dijlah, o Tigris, seguirá fluyendo a través de Bagdad cuando la raza de los califas se haya extinguido: si tu mano está llena, sé generoso como la palma datilera, pero si no tienes nada que dar, sé un ‘azad’, u hombre libre, como el ciprés.

Perfecta autodefinición que se hace Thoreau. Ahora la imagen (con una buena dosis de sencillez) y hasta la próxima.

flores silvestres

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