En una asignatura sobre la historia de la propaganda he descubierto algo muy curioso, os lo cuento:

Hace casi 40 siglos, el dios Tot confió su secreto a los escribas para que ellos pudieran contar de forma duradera las verdades egipcias. Y digo verdades porque no se contemplaba el hecho de que se pudieran contar mentiras, pues la escritura era divina y los dioses no mienten. Os imagináis ya la cantidad de mentiras que se convertían en verdaderas sólo por el hecho de estar escritas. Lo que no entiendo es porqué había gente que se creía estas cosas, cuando cualquier persona podía coger una pluma y hacer unos dibujitos. El adoctrinamiento y el miedo en aquella época debieron ser elevadísimos.

El principal ejemplo lo tenemos con Hatshepsut, que a pesar de ser ser mujer, consiguió acceder al trono. Hatshepsut se había casado con un hermanastro al que le correspondía el trono, pero se muere y ella adquiere la regencia hasta que su hermano Tutmosis III fuese mayor de edad. Pero ella consiguió estar en el poder más de 20 años, correspondiéndose con una de las épocas más boyantes del Antiguo Egipto. Lo hizo representando en escrituras por todos los templos del Imperio su historia divina, según la cual Amón-Ra era su padre. Para no entrar en confrontaciones con el pueblo por ser mujer, se hizo tallar con una barba. Así ya tenía todo el camino allanado para quedarse en el poder.

Y lo mantuvo hasta que su hermano ser rebeló contra su hermana, mandó borrar todas sus inscripciones y poner encima las suyas contando su historia. A partir de aquí comienza el reinado de Tutmosis III.

Hatshepsut

Hatshepsut