Seguimos con el libro El fin de los medios masivos de Mario Carlón y Carlos A. Scolari como editores. El cuarto capítulo versa sobre la industria musical. Como en los capítulos anteriores, está muy desfasado. Trata cosas con datos de 2006. No me extrañaría nada que este artículo de Paolo Bertetti fuese escrito a comienzos de 2008 por las referencias que hace. Esto es arqueología, lo siento, no puedo darle tampoco el visto bueno, aunque no es tan prescindible como los tres capítulos anteriores. Vamos con él:

“El consumo musical en los últimos tiempos ha pasado cada vez más por la práctica de la descarga (legal e ilegal), o sea a través de la descarga de Internet”. (Poco a poco se va aproximando hacia las posturas de la SGAE, lo cual es un punto muy en su contra para mí).

“Según el Informe 2008 sobre el estado del mercado en línea elaborado por la IFPI (International Federation of Phonographic Industry, 2007) las canciones legalmente descargadas han superado los 1,7 mil millones (con un incremento del 53% respecto al 2006), esto es un valor de mercado de unos 2,9 mil millones de dólares (15% del mercado musical global); a estos datos hay que agregarles las canciones descargadas ilegalmente, que se estima ascienden a 10 mil millones de dólares, en relación de 20 a 1 respecto a las descargas legales” (NO voy a opinar…).

Luego intenta hacer una explicación del disco como texto y utiliza un vocabulario muy específico, cuando el contenido es totalmente vulgar. Usa palabras o expresiones como: ‘texto sincrético’, ‘sistemas semióticos’, ‘texto discográfico’, ‘soporte vinilítico’, ‘peritexto’, ‘relación entre texto y paratexto’, ‘sociosemiótica’, ‘condensación de los discursos’, ‘textual sincrético’, ‘substancias de la expresión’,… Me parece un acto de la mayor pedantería posible; un acto de confusión que hace que las cosas sencillas parezcan difíciles, por lo cual, SOBRA. Si todas las páginas como las 3 que utiliza para esto (que no va a ningún sitio; analizar el disco como texto y ponerse a hablar de los diferentes tipos de discursos, según sea la portada, la contraportada, las letras de las canciones,…) se quedaría en unas 50 páginas de casi 270.

Luego, 8 páginas para explicar el nacimiento del disco no sé cuantos RPM,… el uso de la historia está bien para saber que el autor sabe mucho (sobre lo suyo), pero utilizarlo en un tratado sobre Internet… me recuerda a esas asignaturas que damos todos los años en Periodismo sobre ‘Las nuevas tecnologías’, y resultan ser asignaturas en las que se da todo desde 1450 a 1990, es decir, que las sólo se dan las viejas nuevas tecnologías. Nunca hemos dado nada de Internet.

Así, te dice: “para nosotros el texto discográfico es un texto sincrético, el fruto de la unión entre un componente musical, un componente verbal, un componente visual y un elemento objetual, donde en mayor o menor medida todos confluyen en la creación de un efecto de sentido completo” (no sé si es profesor, pero me alegro de que no me dé clase a mí; sería una pura tortura, porque seguro que sería de esos profesores que si te equivocas en un punto de sus complicadas reelaboraciones de definiciones sencillas te suspende).

Ahora dedica otras 8 páginas para hablar de la digitalización y los nuevos formatos, pero como lo haría uno de la SGAE, pero a eso ya llegaré.

“La canción se ha transformado en un documento legible […] también por la computadora […]. La pieza musical se abre a nuevas posibilidades de fruición cotidiana, a inéditos procedimientos de uso y reutilización creativa”.

“El escenario es el de una progresiva “desintermediación” en grado de hacer entrar seriamente en crisis, en un futuro, el rol de la industria discográfica grande y pequeña, con la caída de los costos de producción y el acceso de cualquier sujeto al proceso de creación discográfica”. (También le echa la culpa a MySpace y similares por hacer famosos a gente que no tenía posibilidades mediante las discográficas. Pero no se da cuenta de que los grandes seguirán siendo grandes. Un desconocido nunca desbancará a los Rolling Stones, por ejemplo. Los que realmente perjudican a los cantantes son los programas como Operación Triunfo que pone a gente corriente a su mismo nivel. Y si alguien llega a ser conocido mediante el uso de una red social es porque se lo merece; una red social, con miles y miles de personas críticas, nunca premiará a alguien que no se lo merezca).

Ahora se calma y se hace sólo informativo su texto: “los dos modelos de negocio que se han mayormente afirmado son el basado en el ‘pay-per-download’ y el que prevé una suscripción mensual que permite escuchar y descargar canciones de una determinada web (se nota que no conoce Spotify) […]. Desde esta perspectiva, podría nuevamente volver a ser la canción simple, con el incentivo de un particular videoclip, el centro de la atención de la producción musical […]. Se podría pensar que, en un futuro próximo, la relación entre el músico y su público  será más intensa (el artista inserta un trozo musical y lo cuelga en la red).

No me gustan nada las visiones parciales que resultan tan obvias. Hasta ahora sólo hemos tenido una versión. Si se dan ventajas, son las de lo analógico. Si se dice algo malo, va a ser sobre Internet. Menudo grupo se ha juntado en el libro. Espero que me sorprenda el siguiente capítulo que trata sobre la radio…

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