Ayer asistí (por una asignatura) a una charla de Miguel Ángel Moncholi sobre periodismo taurino. Os dejo lo que escribí:

Cualquier aficionado a los toros o cualquier persona que se haya equivocado de dial y haya caído en uno de sus programas sabe quién es Miguel Ángel Moncholi, uno de los periodistas taurinos más conocidos en España. Miguel Ángel se pasó por la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid ayer a primera hora de la mañana, para contar a un grupo de estudiantes de periodismo las claves de una de las posibilidades de especialización que ofrece su carrera: la taurina.

Comenzó hablando de la historia de los toros y de sus más de 250 años de especialización como rama del periodismo. Aunque guste o no guste, las corridas de toros puede que sean el deporte más antiguo que perdura hoy día y probablemente también sea el primero que llegó a la prensa.

Moncholi comparó las herramientas de un torero con las de un periodista, mientras el primero se sirve de el capote, las banderillas, la muleta, el estoque,…, el periodista se vale de la palabra, la gramática, el género, el estilo,… Cada uno tiene su arte, mientras uno baila a un animal de varios cientos de kilos, el otro baila con varios cientos de palabras. Son bailes distintos, y el mayor reto para el periodista es que su danza sobrepase a la del torero llevándola a un plano distinto, al plano de las emociones. Si consigue llegar hasta allí, se llevará dos orejas y puede que también el rabo.

Después de varios comentarios taurinos y periodísticos puso a los estudiantes uno de los reportajes que realizó para Telemadrid. En él se veía una finca, vacas y el nacimiento de un toro: Infame. Miguel Ángel, como si estuviese dando una de sus clases, ya que fue decano en la Universidad Camilo José Cela, explicó a los alumnos que cualquier persona habría visto el nacimiento de un toro, pero que un periodista debe ver más, cruzar una frontera: la de la comprensión. Albert Einstein decía en uno de sus artículos: “La alegría de mirar y comprender es el don más hermoso de la naturaleza”. Esta frase sirve para acercarnos a lo que el profesor Moncholi quería decir, porque un reportaje en vídeo es un conjunto de preguntas, una selección de imágenes, un ritmo, un mensaje, una música,… No se puede decir periodísticamente que algo es “bonito”, hay que saber tener a mano un por qué para todo lo que se decida hacer y no dejar fuera de la discusión lo más importante: transmitir lo que se quiere transmitir y como se quiere transmitir, ni más ni menos.

Lo que se podía esperar como una charla sobre periodismo taurino sin más, pronto se convirtió en una explicación de la especialización periodística y de las claves en las que debe fijarse un buen periodista. Así, comenzó destacando la importancia de la selección de la información, porque ninguna persona puede atender a todos los mensajes, no noticias, que le llegan a lo largo del día. Debe clasificar y centrarse en lo que podría resultar interesante para el público receptor. Pero, como dice Miguel Ángel, en periodismo no sólo hay que clasificar la noticia, hay que interpretarla, valorarla y verificarla.

Siguiendo su orden, nos contaba, “no es lo mismo hacer un reportaje para emitirlo en Telemadrid que en la Cadena SER; y no sería lo mismo en la SER a la una de la madrugada que a las doce de la mañana; como no sería lo mismo a las doce de la mañana en la SER en ámbito nacional que en Radio Salamanca a la misma hora donde hay cierta cultura ganadera”. El periodista especializado, en este caso taurino pero igualmente válido para cualquier sector, debe hacer un mensaje para su público objetivo, profundizar, elaborar y establecer el mensaje utilizando el lenguaje apropiado. El profesor Moncholi criticaba en parte la actualidad de la radio diciendo lo siguiente: “Lo que estamos haciendo ahora no es radio, lo que hay ahora son periódicos hablados. La radio no es hablar y hablar”.

Para que una radio no sea un periódico hablado, dice que hay que meterse en el papel que se elija y especializarse. No se puede hablar de fútbol sin conocer la historia del fútbol y la actualidad del fútbol fuera de las fronteras de un país, como no se puede conocer la política del día de hoy sin conocer su evolución histórica. Cuando él llegó al mundo taurino ni siquiera le gustaban los encierros. Fue cuando le enseñaron sobre conceptos de toreo cuando comenzó a interesarse por la tauromaquia. Pero la especialización no sólo es estudiar mucho sobre algo, sino adquirir sus vocabularios, conceptos, hablar con los especialistas y con los toreros, etc. Algunas expresiones son: dar un revolcón, dormirse en las suertes, estar al quite, quedarse en el burladero, torear desde la barrera, tomar el olivo, coger al toro por los cuernos, estar para el arrastre y muchos más. Las palabras en el toreo, nos dice, “exigen una gran precisión y una gran brevedad, porque cada vocablo expresa un concepto. El aficionado sabe si dominas ese vocabulario o no”.

El saber a quién te estás dirigiendo permite haces cosas como explicar los anteriores vocablos o no. Si los dices, en palabras de Moncholi, “a las dos de la madrugada un domingo, no hace falta, porque el que te está escuchando es porque es un aficionado o un masoca”, pero “en televisión si que hay que explicarlos porque el público es más general”.

Acercándose la conclusión del acto, el profesor Miguel Ángel, iba dando algunas estrategias. La primera refería a que “entre las valías de un periodista está el saber colarse”, para así poder llegar a tener exclusivas. Moncholi consiguió entrevistar al Rey Don Juan Carlos para radio y para televisión, aunque no quiso desvelar cómo lo consiguió. Terminó con lo que para él es la clave del periodismos, especializado o no, “irse a las fuentes y saber comunicarlo, que es lo que nos demanda la sociedad, y no ser el que más sabe de toros, de medicina,…”.

Anuncios