Todo el mundo quiere ser feliz, pero no todos saben serlo. Preguntar a una persona ¿qué es la felicidad?, puede resultar en una respuesta evasiva. Muchos dicen que la felicidad es sentirse bien, pero ¿qué significa sentirse bien? ¿Cómo se llega a ese estado? Tarde o temprano una de las respuestas es ‘no sé’. Algunas teorías simplificadoras dicen que la felicidad es la ‘ausencia de miedo’, pero tal vez sea insuficiente como definición. Definir lo contrario, la infelicidad, es igual de difícil. Los científicos dicen que ‘a los hombres les basta con imaginar la infelicidad para ser infelices’.

El dinero es un tema conflictivo. Manuel Baucells, profesor de la escuela de negocios IESE, y Rakesh K. Sarín, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California, hicieron un estudio y demostraron que en los países desarrollados se necesitan unos ingresos mínimos de 15.000 dólares (11.500 euros) para ser feliz. Del mismo modo, tener todo el dinero que se desea a disposición no conlleva el ser feliz. Baucells y Sarín, dan gran relevancia al cambio. Pasar de un escalón a otro progresivamente. Conseguirlo todo de golpe, por ejemplo con la lotería, hace a la gente muy feliz inmediatamente, pero luego se estancan, no evolucionan y ven correr la felicidad a su alrededor sin poder cogerla. Ambos profesores recomiendan que tras un golpe de suerte como es la lotería el gasto se vaya incrementando progresivamente sin explotar de emoción.

Es muy fácil ironizar sobre el dinero, pero en la cultura occidental-capitalista no se puede negar su importancia, aunque sí reírnos de lo que conlleva. Groucho Marx era un experto, una de sus miles de citas: Hay cosas más importantes que el dinero, ¡pero cuestan tanto! Benjamín Frankiln decía: De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero.

No es difícil contradecir la teoría del dinero manejando los rankings de felicidad que se hacen anualmente. Así encontramos el caso de Japón, donde la renta per cápita se quintuplicó entre 1958 y 1991 (de 3.000 a 15.000 dólares anuales), pero los niveles de felicidad se mantuvieron, en ese período, entre 2,5 y 3 sobre cuatro.

El informe que realizaron los profesores de IESE y UCLA, refleja que los bienes básicos –como comer, dormir, estar con los amigos– dan más felicidad que los de consumo –coche, viajes–. La causa fundamental es que los primeros son básicos y su placer dura siempre, mientras que a los segundos uno se acostumbra muy rápido.

Adrian G. White, psicólogo social de la Universidad de Leicester, contribuye a desmentir el mito de que las zonas con climas cálidos son las más felices; tópico que resulta de la apreciación de los bailes caribeños, de las fiestas mediterráneas,… Los primeros diez puestos son para (ranking elaborado en el 2007) Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Las Bahamas, Finlandia, Suecia, Bután, Brunei y Canadá. Ocho de los diez primeros países están en las regiones más frías del planeta.

El profesor el profesor Ruut Veenhoven, de la Universidad de Erasmus, en Rotterdam (Holanda), sostiene que ‘cuanto más cálido es un país, más infeliz es la gente. Se basa en dos teorías, una biológica y otra cultural. “La especie humana no está construida para trabajar en climas cálidos, con enfermedades y mosquitos, y si tienes que realizar un trabajo físico, mejor que no sea en este tipo de clima”. En cuanto al segundo razonamiento, “los climas fríos obligaron en el pasado a trabajar juntos tanto al hombre como a la mujer, por lo que se desarrolló una cultura igualitaria. Y la gente es más feliz en culturas igualitarias que en las jerárquicas”.

España, con clima más bien cálido, ocupa el puesto número 26 en el ranking de Veenhoven y el 46 en el de White. Comparándonos con los daneses –los ciudadanos más felices del mundo–, Veenhoven, destaca la tradición y el papel de la mujer en la sociedad: “Los daneses tienen más riqueza y una tradición democrática más larga”. Además, ” la igualdad de sexos en Dinamarca es mayor que en España”. Por último, señala que en Dinamarca “la persona tiene más opciones de elección en su vida”.

Otras teorías de la felicidad, basadas en la socióloga rusa Ayn Rand, resaltan que el hombre en principio es feliz, pero la envidia puede degenerar en amargura. Así, por ejemplo, en el libro más importante de la autora rusa, La rebelión de Atlas, podemos encontrar una breve explicación: “Temes al hombre que tiene un dólar menos que tú, porque ese dólar es suyo por derecho y él te hace sentir como un estafador moral. Odias al hombre que tiene un dólar más que tú, porque ese dólar es tuyo por derecho y te hace sentir moralmente estafado. El hombre que está por debajo es la fuente de tu culpa; el hombre que está por arriba es la fuente de tu frustración”. De esta manera, el dinero no da tanto la felicidad como se piensa, sino que depende de la situación coyuntural. Ayn Rand sostiene que una persona no se verá muy afectada anímicamente por perder dinero, como está ocurriendo ahora generalizadamente, siempre que los demás pierdan más.

Respecto a la felicidad y a su relación con el dinero hay centenas de teorías tan complementarias como opuestas. En un principio, el dinero mejora la felicidad, pero el estancamiento o la comparación pueden acabar con ella. Pero ello no quiere decir que se haya fracasado. Winston Churchill decía que el “éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder la sonrisa”. El optimismo, la amabilidad, la gratitud, la cordialidad, la generosidad,… son otras de las cualidades que se destacan en las sociedades más felices. Son los avaros, los egoístas, los avariciosos, los maleducados,… los que se consideran infelices, porque por mucho dinero que tengan nunca podrán mantener una verdadera relación de amistad. En casi todos los rankings de felicidad a los amigos se les valora más que al dinero, cuando esto se invierte, la felicidad también.

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