España ha tardado más que otros países en notar los temblores de la crisis. Durante mucho tiempo se negó la afectación y constantemente se miraba hacia otro lado. Luego llegó, más tarde, pero llegó, y todavía no hemos visto su potencial devastador (los expertos los sitúan en los dos primeros trimestres de 2009, aunque, como veremos más adelante, los analistas no están dando una).

Las cosas empezaron a ir realmente mal en verano: cuando el petróleo marcó su enésimo récord histórico en los 147 dólares por barril. Ahí fue cuando se hizo público que algo estaba dejando de funcionar, pero los dirigentes políticos no tenían suficiente con un petróleo alto y una caída del consumo, necesitaban más. Como mínimo, para hablar de que las cosas iban mal teníamos que estar en crecimientos negativos, si no, es que las cosas estaban bien. Empiezan a salir los datos del paro de verano y por primera vez en trece años, pero todavía no es suficiente. Entonces, les dan lo que pedían: en el tercer trimestre el PIB español se contrae el 0,2%, arrastrado por la crisis inmobiliaria y la caída del consumo. Ahora tenían dos problemas: en las segundas fechas en que los españoles gasta más –después de las Navidades– el consumo había caído por debajo del trimestre anterior y encima sólo les quedan tres meses –según las previsiones de todos los analistas– para entrar en recesión.

¿Qué hacer en una situación como esta? Lavado de imagen, es decir, dar ánimos y culpar de los problemas al anterior gobierno para intentar subir la confianza y mejorar su imagen. ¿Cómo conseguirlo? Utilizando a un grupo de personas que se hacen llamar “intelectuales” o “progres”, artífices del cobro de un canon digital, que reciben en subvenciones (100 millones de euros) más que el presupuesto del Ministerio de Vivienda y son los que solían encabezar, o al menos participar, las manifestaciones contra el anterior partido en el Gobierno y ahora defienden las decisiones del actual. Pues bien, esta gente, en su mayoría actores y cantantes (los famosos, claro), va a opinar sobre política y la gente les va a escuchar igual que escuchan sus canciones o sus diálogos en las películas. Y lo peor, les van a hacer caso. Así, vemos a Miguel Bosé hablar maravillas de las actuaciones del Gobierno. Pero, ¿les parece bien que determinadas regiones, que no son las más pobladas (si vamos a la equiparación de todos los ciudadanos) y tengan más poder? ¿Les parece bien que partidos extremistas, radicales y nacionalistas estén en el Gobierno y consigan “regalitos” extra para sus comunidades? ¿Les parece justo que el Ministerio del gasto (de Fomento) tenga a la persona más incompetente del mundo diciendo que todo lo que hace mal es por culpa de lo que hace casi nueve años hizo el PP? ¿Les parece justo que les digan que España no tiene problemas económicos cuando todos los indicadores estadísticos indican lo contrario, pero como la gente nunca lee las secciones económicas de los periódicos (que son el único sitio, depende del periódico, en el que se puede averiguar realmente como está un país) no sepa nada y se lo crea? ¿Les parece justo aceptar la mentira porque es bella y parece verdad? No se confundan. John Keats dijo: “La verdad es belleza, la belleza es verdad, eso es lo único que sobrevive”. En el Gobierno se han aprendido muy bien esta frase, pero recuerden que la mentira se puede disfrazar de múltiples formas y que la verdad por muy mala que sea siempre te orientará mejor. “La verdad os hará libre”, decía Jesucristo. En este caso podríamos decir: “La verdad os permitirá recuperaros antes”. Ya que estamos hundidos, utilicemos el suelo para levantarnos.

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