Llegamos a uno de los puntos más dramáticos de toda la crisis: la quiebra de un estado, la quiebra de Islandia. El caso de Islandia es bastante curioso. Cuenta con unos 300.000 habitantes y en pocos años llegó a ser una de las naciones más ricas de la OECD, la causa: unos tipos de interés del 12% que atrajeron capitales extranjeros (sobre todo de Reino Unido). Permitieron un crecimiento muy rápido, pero también inflación a la que el Banco Central respondía con nuevas subidas de los tipos (que llegaron al 15,5%). Una rentabilidad tan alta llevó a numerosos ayuntamientos a colocar el dinero de sus contribuyentes en las entidades nacionales. La fuerte inversión extranjera hace que los bancos islandeses representen más de diez veces el producto interior bruto de la isla y los problemas de liquidez y desconfianza no tardan en aparecer. Las restricciones crediticias de los bancos internacionales hace que en el 2008 la moneda nacional (el krona) se deprecie más de un 60% respecto al euro y la inflación se sitúa cerca del 7%. El Estado islandés cuenta con un problema que le impide maniobrar, sólo tiene 2.000 millones de euros en sus reservas de divisas y sus bancos tienen activos por valor de 100.000 millones de euros. Su banca representa entre ocho y doce veces el PIB del país. El Banco Central islandés no puede actuar, como lo han hecho la FED o el BCE, como último prestamista para salvaguardar a la banca de la crisis de liquidez actual. El país nórdico se vio obligado a nacionalizar en tres días consecutivos a sus tres principales bancos aumentando los ya graves problemas de varios países, sobre todo de Reino Unido y Holanda, los países que más había invertido en la isla. Islandia ahora se encuentra con una deuda estatal de 45.000 millones de euros (unos 150.000€ por ciudadano), varios países exigiéndoles dinero, 7.200 empleados de la banca (de 304.000 habitantes) que van a tener serias dificultades, una gran cantidad de jubilados en la ruina y con la posibilidad de que los más capacitados para sacar adelante al país se vayan a otros en los que tengan más posibilidades de éxito. El país está hundido, en quiebra como dicen algunos, y tardará varios años en recuperar la estabilidad (salvo que al final los chinos consigan comprarla).

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