Analizaremos EEUU por tratarse de la primera economía del mundo y por tener a buena parte de las multinacionales más importantes.

Como ya dijimos al principio, la crisis que estamos viviendo se originó en EEUU en 2001 cuando Alan Greenspan, tras el es-tallido de las puntocom, comenzó a bajar el precio del dinero hasta el 1%, por el temor a la deflación. Esto supone una inyección masiva de liquidez y una relajación del crédito. Hubo más dinero del que debía y el sistema se emborrachó. Los bancos, que tenían mucha facilidad para acceder al dinero, comenzaron a dar créditos a diestro y siniestro. Los bancos que veían riesgo en estas acciones se veían sobrepasados por la competencia y decidieron hacer lo mismo.

El paso siguiente fueron las titulaciones y las retitulaciones, que eran usadas por los bancos (comerciales y de inversión) para conseguir nuevos créditos –los usaban como garantía–.

A partir de 2004, la Reserva Federal (FED) empezó a subir los tipos de interés de forma gradual, por lo que el nuevo método de hipotecas no se vio afectado. En el 2006 llegaron al 5,25 y los primeros impagos. Al ser garantías de garantías de garantías… el efecto de pocos impagos corrompió muchos bonos (ahora llamados basura).

En el verano de 2007 la situación empeora por la bajada del precio de la vivienda. Las anteriores hipotecas no se podían pagar, pero ahora no se quieren pagar. Les sale más barato devolver la casa al banco para cancelar la hipoteca y comprar una nueva. De esta forma el número de impagos se multiplica y las hipotecas que se habían titulizado se hunden. Afectando a todo el sistema financiero.

Y comienza el “rescate” (20/09/2008) con un plan de 700.000 millones de dólares que pretendía acabar con la incertidumbre y el caos tras la quiebra del Lehman Brothers y el Bear Stearns y acabar con la congelación del crédito. Para ello las primeras medidas iban encaminadas a salvar de la crisis a las empresas que la habían causado adquiriendo su deuda (las hipotecas de alto riesgo o subprime). Los demócratas y los republicanos consiguieron llegar a un acuerdo, pero los mercados no confiaron en el plan y se desplomaron. La crisis no sólo afectaba a EEUU, ya había llegado a todos los rincones del planeta y se necesitaba una respuesta global. El G-7, la eurozona y algunos países más comenzaron a llevar a cabo medidas conjuntas.

Días después, el Secretario del Tesoro, Henry Paulson, decide abandonar la compra de activos tóxicos ya que se había demostrado que era más eficaz entrar directamente en el capital de las empresas. Al cabo de unos días se crearon dos nuevos planes de 800.000 millones de dólares, uno para rescatar al mercado financiero y otro para el consumo.

Las claves de los programas de Bush son: compra de la deuda, impulsar el consumo, adquirir acciones de los bancos, incrementar las garantías de los créditos bancarios y reducir y limitar los salarios de los directivos.

¿Qué ha sido de los 700.000 millones de dólares?

La CBS informaba de las dificultades que están teniendo los funcionarios del Gobierno para el seguimiento y evaluación de los fondos. Los bancos han contado con la libertad suficiente como para utilizar el dinero para comprar otros bancos, pagar dividendos a los inversores o bonificaciones a los ejecutivos.

El plan rescate inicial constaba de tres páginas (más de 400 al final). Como se puede ver, todo fue hecho muy deprisa y no se tuvieron en cuenta muchas variables. Se limitó el sueldo de los directivos, por ejemplo, pero no se les canceló o limitó las bonificaciones. Al final, el contribuyente ha terminado pagando el sueldo de los directivos.

El caso de aprovechamiento más sonado ha sido el de la aseguradora AIG, que después de recibir en ayudas 150.000 millones de dólares sus directivos se fueron de vacaciones una semana a un balneario de lujo de California cuya factura ascendía hasta los 440.000 dólares. Después de la polémica, a mediados de noviembre dio un seminario a sus ejecutivos en Arizona por valor de 343.000 dólares. AIG es la muestra de aprovechamiento perfecto de las ayudas, en cuanto a los directivos y ejecutivos se refiere, claro.

La caída del consumo es más que notable y la venta de coches se desploma. La hasta ahora capital de la producción de vehículos de EEUU (o incluso del mundo), Detroit, tiene actualmente un paro del 21% y las viviendas se pueden comprar desde 18.000%. ¿Cuál es el motivo? Chrysler redujo sus ventas a la mitad en noviembre (en tasas interanuales), General Motors en un 41% y Ford un 32,4% en diciembre.

Para evitar el colapso de las empresas automovilísticas estadounidenses, el Gobierno ha lanzado un plan de 17.400 millones de dólares (unos 12.500 millones de euros) de los cuales 13.400 son para préstamos inmediatos. Hasta la fecha han recibido ayudas General Motors (por valor de 5.000 millones de dólares) y Chrysler (por 4.000 millones de dólares). A cambio de estas ayudas, eso si, tendrán que presentar en febrero unos planes de reestructuración y demostrar que son viables antes de finales de marzo.

Está claro que EEUU no es el país más viable del mundo, pero sigue siendo el que más dinero mueve del mundo y al que más van a parar los fondos internacionales. Por esta razón no creo que se pueda hablar (coherentemente) de que estamos ante un cambio de escenario. Estados Unidos es un imperio y como todo imperio caerá, pero este no es el momento. ¿Acaso no tuvo Roma una guerra civil mientras Julio César estaba por las Galias y cuando se solucionó el problema vivió el Imperio sus mejores momentos?


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