El año 2008 será recordado como el año de las pérdidas históricas. Muchos lo comparan con el ‘Crack del 29’ (más adelante hablaremos de ello), pero ahora las quiebras han llegado hasta los Estados (véase el caso de Islandia).

Los expertos coinciden en el origen de la crisis: 2001, cuando el Gobernador de la FED – Alan Greenspan – quiso evitar la quiebra de la bolsa tras el hundimiento de las ‘puntocom’ bajando los tipos de interés del dinero del 6,5 al 2,5% en menos de un año. Al reducir el precio del dinero permitió a los bancos obtener más capital que prestar y la posibilidad de obtener mayores beneficios. Para ellos, los banqueros – con primas por créditos concedidos – concedieron préstamos a familias con pocos ingresos cuya devolución era dudosa, pero no lo vieron como algo determinante ya que el precio de la vivienda estaba en aumento y si no podían pagar la hipoteca las familias venderían las casas para pagar el préstamo.

Los bancos consiguieron una forma de conseguir más beneficios, pero estaba limitada por la Convención de Basilea donde se reguló el porcentaje de capital que podían tener los bancos en hipotecas. Para solucionarlo crearon unos fondos de inversión paralelos (conduit) que compraban las hipotecas a los bancos. Al eliminar de sus cuentas las hipotecas podían conceder más.

Los conduits “reempaquetaban” las hipotecas (las titularizaban) según unos ratings (teniendo como mejor “puntuación” AAA+) y las vendían a los bancos de inversión que las utilizaban como garantía para pedir más créditos y apalancar más operaciones financieras. De esta forma, muchos activos de muy distintos tipos, tenían como última garantía las hipotecas de las familias con posibilidad de no pagar el crédito concedido.

Este “método” no tenía problemas mientras el precio de la vivienda siguiese subiendo, pero en 2007 comenzó a estancarse y en 2008 a caer. Las familias vieron que su hipoteca valía más que su casa y comenzaron a llevar las llaves al banco (hay que tener en cuenta que en EEUU en cualquier momento puedes dejar de pagar la hipoteca entregando la vivienda). La morosidad con los bancos se disparó y todos los activos garantizados con esas hipotecas empezaron a perder valor. Aquí empieza el problema: los paquetes de hipotecas habían sido retitularizados tantas veces que nadie sabía cuántos activos tóxicos había ni quién los tenía. Los bancos dudaban entre ellos y dejaron de prestarse, haciendo que los tipos de interés interbancarios (como el EURIBOR o el LIBOR) creciesen rápidamente y con ellos las hipotecas de las familias.

Por otra parte, los bancos de inversión como Merril Lynch o Lehman Brothers habían utilizado esos bonos (retitularizados), que ahora eran tóxicos, como garantía. Los bancos para regarantizar tuvieron que vender, aunque fuese a precio de saldo. Esto aumentó sus pérdidas, por lo que tuvieron que vender más. Las cotizaciones de sus activos se desplomaron hasta que les llevó a la quiebra. Aquí es donde empieza el pánico financiero que vivimos desde hace unos meses.

El hecho de que los bancos no concedan préstamos, no solo afecta a los bancos, sobre todo afecta a las familias y a las empresas que no pueden pedir préstamos para consumir o producir, afectando a la producción y al consumo. Por tanto, aumenta el paro, disminuye la demanda, la producción y nuevamente volvemos al paro. 

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