¿Qué dice más de usted: geógrafo o montañero?

Primero fui montañero y luego creo que fui geógrafo porque era montañero. Al tener ese contacto con la naturaleza, con los mapas, me preocupaba como era el mundo, me gustaba viajar,  y, a partir de ahí, empecé a preguntarme ¿qué es lo que hay?, ¿por qué son así?, ¿por qué el agua corre?, ¿por qué el viento pasa? Entonces te hace preguntas que la geografía te va respondiendo. La geografía era un instrumento de conocimiento de lo que el planeta, que me fascinaba, me estaba preguntando.

Fui montañero antes, geógrafo luego y geógrafo de la montaña después.

¿Cree que la montaña se está convirtiendo en un ‘escaparate’?

Muchas veces si, porque hay exhibición, el mundo de hoy es de espectáculo y de imagen. La montaña participa de cosas buenas de una mayor cantidad de gente que acude a ella, que está en ella, pero también puede, por ser objeto de consumo más masivo, puede tener el riesgo de que se comercialice. Es evidente que se puede convertir en un mero escaparate de la gente que va a verla. La montaña es un espectáculo que depende de la calidad del espectador. Habrá espectadores más instruidos, menos instruidos, más sensibles, más insensibles. Ese es el riesgo que tiene todo escaparate, que el que lo ve también varía.

¿Eso perjudicaría a la montaña?

Depende de cómo lo trates. Nada es bueno ni malo en sí mismo, depende del tratamiento que le des. Si le das un tratamiento de tal manera que los valores de la montaña no se transforman, no se perturban, no se malogran, no pasa nada, al revés, es mejor, porque se extiende el número de gente que lo puede ver.

Pero hay determinadas fuerzas que tienen poca sensibilidad y mucho poder que pretenderían hacer eso y convertirla en un lugar de atracción turística. Pero un turismo inadecuado e irrespetuoso. Esas cosas a veces traen secuelas porque se empieza a meter un turista que podrías ser de otras áreas, hay que detener los aludes en más zonas,… Hay que hacer todo lo posible para evitar esas amenazas. Por fortuna, la montaña es grande y quedan muchos sectores que se pueden cuidar y a los cuales hay que evitar que llegue esta gente sin sensibilidad para que no irrumpan de una manera perturbadora.

¿Entonces no es compatible el turismo con el respeto a la naturaleza?

Es imposible. La naturaleza es solitaria, tranquila, tiene sus propios ritmos y no requiere equipamientos; y el turismo masivo requiere todo eso. Lo que pasa es que el turismo masivo es el que aprecia el mercado, pero hay una cosa que se llama precaución cultural para evitar que se degraden los espacios. Si vas a un teatro o campo de fútbol y el aforo es limitado, no entra ninguno más. Hay que hacer estudios para conocer el aforo que se permite ciertos lugares de la naturaleza para evitar que se desnaturalicen, porque en el momento en que los conviertes en un aforo masivo pues son La Puerta del Sol, la glorieta de Cuatro Caminos, zonas urbanas de alta densidad. La montaña requiere escasa densidad.

¿Habría que mezclar la cultura para mantener la naturaleza?

Parte 1

Parte 2

Parte 3

 

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