¿Cómo fueron sus comienzos?

Con 17 años, muy joven, estuve en el apartado técnico de la tele; pase por cámara, vídeo, sonido. A la vez hacía periodismo. Cuando acabé de la facultad, por unas cuestiones casi de azar, un compañero me ofreció hacer un documental de aficionado sobre montaña. Lo hicimos con técnica cinematográfica y tuvo mucho éxito en el mundillo de la montaña. A partir de ahí me invitaron a ir a una expedición al Himalaya. Le pedí a mi jefe una cámara mejor y así surgió la primera vez que fui al Himalaya, en 1981 y a raíz de ahí se enredó la historia para que volviéramos en 1983. En 1985 hicimos un equipo estable de ‘Al filo de lo imposible’.

¿Cuándo empezaste a escalar?

Empecé a ir a la montaña muy de niño, con 9 ó 10 años. Con unos 16 empecé a escalar en la Pedriza y a partir de 1977 empecé a hacer alpinismo en serio, a ir a los Alpes, a hacer ascensiones en vías de roca y de hielo y desde 1988 empecé ascensos en el Himalaya.

¿Cómo repercutió en su familia su relación con la montaña?

A mis padres nunca les gustó este tipo de actividad por la cantidad de riesgo e incertidumbre que conlleva, pero respetaron mi historia. Mi mujer me conoció haciendo este tipo de actividades y, tanto ella como mi hijo están acostumbrados a este tipo de profesión que tengo que consiste en estar mucho tiempo fuera, que hago expediciones de montaña o que hago documentales y que eso, al mismo tiempo, conlleva un riesgo determinado.

¿Su hijo le sigue los pasos?

Mi hijo hizo comunicación audiovisual y viaja también bastante, de forma distinta a la mía, aunque este año se viene conmigo al Karakorum.

Sois los únicos en haber estado en 14 ‘ochomiles’, más de 300 programas, 27 años… ¿Cómo han sido sus dificultades?

Primero hubo que hacer un equipo determinado para hacer las cosas y luego pelear para mantener la continuidad del programa. No solo hemos tenido dificultades para conseguir la expedición, también hemos tenido que buscar el presupuesto para la siguiente.

Eduardo Martínez de Pisón dice que se aprende más en la montaña que con un libro.

Probablemente. Además, sobre todo gente como Pisón. Hay gente que tiene la capacidad de saber mirar las cosas, es una cualidad que no tiene todo el mundo y para lo cual se necesita seguramente ser tan sabio como Pisón. Pisón es capaz de leer el paisaje.

¿Te gusta la soledad?

Si, en determinados momentos. La soledad buscada siempre es muy agradable.

¿Prefiere estar por encima o por debajo del mar?

Siempre por encima.

¿Montaña o desierto?

Pff. La montaña y el desierto, las dos cosas.

¿Qué le puede más el riesgo o la prudencia?

La prudencia siempre. Pero eso no quiere decir que no haya que se audaz, ni valiente, ni lanzarse para hacer las cosas.

¿Dónde se enfrenta el riesgo con la prudencia?

Pues son fronteras muy sutiles que te las dan la experiencia. En eso consiste la gracia de la historia, en saber medir. Por mucha experiencia que tengas nunca tienes la certeza absoluta de qué vas a hacer. Hay que luchar entre la audacia y con el objetivo final de toda expedición: el objetivo final no es subir a la cumbre, sino volver a casa.

¿Qué hace una persona como usted cuando se aleja del riesgo?

Pues hago un montón de cosas, tengo una vida muy rica: escribo libros, intervengo en radio, hago artículos,…

Usted ha criticado mucho que haya expediciones guiadas al Everest, Pisón decía que ha perdido su identidad, romanticismo y credibilidad. ¿Tiene algo que ver con el hecho de que no use botellas de oxígeno cuando sube?

Tiene que ver con una forma de entender la montaña. Desde luego usar botellas de oxígeno desde los 6.000 m y querer compararse con Messner (primer alpinista del mundo en subir las 14 cumbres de más de 8.000 m) es incompatible, es hacer trampas. Pero sobre todo por una cuestión fundamental, porque desde 1978 que se sube con botellas de oxígeno yo creo que todos los alpinistas están obligados a intentar hacer el máximo en esa montaña. Entonces ponerse botellas de oxígeno es hacer trampa, es hacer truco, porque lo que haces es rebajar la altura de la montaña. El alpinismo, y exactamente el Everest, para que conserve su esencia consiste en todo lo contrario, consiste en tú medirte con la montaña, no en rebajar la montaña. Además, las expediciones comerciales han cambiado la esencia de lo que hacemos. La gente que hace este tipo de montañas, no hace montaña, está haciendo turismo y se aleja mucho de las primeras personas que fueron al Everest y que como Mallory o Hillary (se duda quién de los dos llegó primero a la cima del Everest) que siempre consideraron al Everest como la montaña más alta de la Tierra.

Un escenario.

Es difícil. Elegiría el Karakorum, el gran Mar de Arena, Tierra de Fuego y la Antártida.

Un momento

Probablemente el primer año que fui de expedición al Karakorum. Entonces no lo sabía, pero llegué a intuir que aquella expedición me estaba cambiando la vida.  Y la cambió absolutamente. Yo pasé de técnico de sonido a hacer documentales.

El mayor riesgo

Pues creo que atravesar los Andes en globo. Entonces no fuimos conscientes pero estuvimos a punto de matarnos.

Una persona que le haya influido

Walter Bonatti, Shackleton, Cherry-Garrard, Luís de Saboya y Mallory (todos ellos alpinistas).

El mayor sueño

Tengo muchos. Ahora mismo, por ejemplo, sobrevolar el K-2 en globo. Tengo también una travesía en el desierto muy importante y un montón de proyectos en la Antártida, en el Ártico. Los iré haciendo poco a poco.

¿Con qué están ahora?

Ahora mismo tengo dos expediciones en el Karakorum y el 1 de septiembre nos vamos de expedición al Manaslu (8163 m) el ‘ochomil’ número 11 de Edurne (Pasabán; alpinista)

¿Puede llegar el fin de ‘Al filo’ a finales de año?

Si, probablemente, el 31 de diciembre. Seguramente irán reponiendo capítulos y dejaremos algo de lo que nos falta por montar. Creo claramente que se acabará ‘Al filo’. Peligraría el peligro de más de 100 personas que movilizamos al año.

¿Dónde ve su futuro?

Voy a seguir haciendo lo que creo que tengo que hacer. Mi vida va a seguir ligada a las aventuras y a los documentales. Pero lo primero que haré será darme un poco de cuartelillo, esperar, tomar unos meses de reflexión y estar tranquilo en casa. Seguramente mi mujer y mi hijo lo agradecen. Ahora lo único que tenemos es diez ‘corazones corazones’, no saldría adelante un programa como ‘Al filo’.

Una frase

La que pusieron sobre la tumba de Scott Fischer, un verso del Ulises de Tennyson: “Luchar, buscar, encontrar y no rendirse jamás”.

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