Para contraponer un poco todo lo expuesto, busqué a una persona cristiana. Hablé con un sacerdote católico, el cual eligió ser sacerdote, porque sentía que alguien le elegía, que confiaba en el y le quería, ese alguien dijo que era Dios. Lo demás llegó solo: tenía que entregarse a los demás en su nombre, además prácticamente no le cerró ningún camino, salvo el de casarse, tener mujer e hijos, pero no se puede tener todo en la vida. Dijo que Dios había hecho mucho por él (también hace mucho por los demás) como: darle la vida, ofrecerle cada mañana una asistencia maravillosa, le regala la presencia de mucha gente que le quiere, le llamó a una vocación que da sentido a su vida. Su vida sin él sería como nadar en el vacío, o estar entre arenas movedizas. Su amor incondicional le hace feliz. Una cosa para él muy importante, es que sigue a Dios y a los hombres, y a Dios en los hombres. Primero confío en Dios; pero sin confianza y amor a los hombres, en los que él también está, la fe se me quedaría vacía si siguiese a Dios y a Dios en todos los hombres. Él también se arrepiente de algunas cosas, tiene pecados, es pecador. Él también se confiesa y pide perdón. Dice tener contactos, contactos con Dios, cada vez que hace la oración. Para él, las personas ateas, se pierden lo que es esto, es hermoso tener fe, es una explicación razonable para la existencia. Las personas que no acuden a la Eucaristía, son libres de hacer lo que les parezca, pero no se concibe un cristianismo que no conlleve una práctica. Sería algo así como ser jugador de fútbol sin haber visto un partido, o conocer un estadio.
Dice que una de las cosas más importantes, es que Dios quiere darnos lo que más nos conviene, pero nos ha hecho libres y autónomos. Nosotros somos los causantes de las desgracias, no él. El hambre, la enfermedad no se deben a su amor sino a nuestra condición mortal, pecadora. Es curioso cómo muchas personas que sufren, tienen, aunque a nosotros no nos parezca, una confianza absoluta en Dios. No necesitan explicaciones. Comentó, que le gustaría que la gente supiera que el cristianismo no atrapa a nadie, cualquier persona cristiana, conserva la libertad y además la potencia. La fe libera, no encadena; ahora bien cuando vives tu ser cristiano como una aventura de entrega al estilo de Jesús, si que te sienten verdaderamente enganchado y sanamente enganchado a él. Para él, el “Opus Dei”, no es una secta, ya que todo grupo humano puede tener rasgos sectarios en la medida en que se cierre sobre sí mismo y no se abra a los demás. Pero de esto nadie está libre.
Él opina que la gente que practica el esoterismo no tiene demasiado fundamento, o poca formación en la fe, y han de agarrarse a algo, superstición, brujería, y a cosas que no llevan a nada. Su opinión acerca de las personas que practican el esoterismo, es que son personas que no están muy centradas y puede que les falte algún tornillo. Una cosa a destacar de sus palabras, fue que Jesús curaba con el poder de Dios, nosotros no podemos sanar como él, pero nuestra presencia, nuestra palabra, si que pueden ayudar a que la persona se encuentre liberada, a gusto consigo misma, en definitiva, mucho mejor. Cuando la persona enferma, también enferma su espíritu y nosotros podemos contribuir algo a que se encuentre mejor, pero no somos brujos.
Contó una anécdota muy sencilla pero con mucho significado para él:
– “Una tarde vi a Dios, vino un niño y me dijo: -mi padre está en el paro y mi madre no tiene trabajo, ¿podría buscar un trabajo para mi madre?- En él estaba Dios.

Con todo lo expuesto, se puede hacer una idea de lo que es el esoterismo, o lo que deja de ser. Aunque la gran mayoría de las personas admitan que se puede dar lo que se supone que es el esoterismo, no está demostrado científicamente que sea totalmente real.

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